27 de septiembre de 2016

~el duelo~



En un momento de mi vida, en la que me había quedado sin pareja después de mucho tiempo y ninguna explicación, hablé con una persona muy querida y una profesional como la copa de un pino.

Mi intención era recuperar algo que había perdido y su respuesta más que aliviarme, me hirió: "a veces lo peor que te puede pasar, es lo mejor que te puede ocurrir". ¿Te imaginas cómo me pude sentir? 

La respuesta correcta y la sincera... el gran debate. En este caso tanta sinceridad me aplastó. 

También le pregunté "¿Qué debe pasar para que se avance en el proceso mental del duelo?". Y ella me respondió "primero debe morirse alguien". Mi cabreo aumentaba por momentos.

Ahora en la distancia lo entiendo todo. 

¿Qué hacer cuando tú intentas arreglar una situación y la otra parte implicada no mueve un dedo?

Se pasa por muchos estados de ánimo, desde el enfado... hasta el enfriamiento.

No me gusta sentir el frío. Es como si no hubiera querido nada a esa persona en cuestión. 

Pero debo plantearme (aunque no tengo dotes de mentalista) ¿Qué está pasando por su interior?. Y en este momento me siento más decepcionado, porque imagino que no está pasando nada. Que quizás soy un recuerdo más (y si llega). Una mala experiencia que mejor dejar apartada. Un cero en su escala emocional. Un vacío absoluto.

..."a veces lo peor que te puede pasar, es lo mejor que te puede ocurrir"...

No hace falta que desaparezca alguien físicamente para pasar un duelo. No hace falta que aparezca la figura de la muerte para llorar a alguien. A veces la gente está muerta en vida. 

Y como el duelo es un proceso en el que encuentro vinculado en estos momentos... estoy viviendo una montaña rusa de emociones. 

Cuanto más tiempo pasa, más fuerte me siento. 

La diferencia entre velar a un fallecido y velar a alguien que no te quiere, es que el primero no tiene conciencia de sus emociones, en tanto en cuanto, el segundo tiene la opción de dar señales de ¿¿¿algo???

Por lo tanto, en esta montaña rusa, si eres consciente de que esa persona puede hacer algo, y no lo hace, olvídate de él. Él ya está pensando demasiado en sí mismo. Dedícate a ti.

Porque como dice Alfonso Casas (autor de la ilustración que encabeza el texto) "a veces lo complicado es hacerlo más sencillo".

Al menos yo puedo decir bien alto: Yo lo intenté!!! ¿Pero tú?

Blanco y en botella.

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